LA MUERTE DE

RICARDO BALBÍN

9 de Septiembre de 1981

"En el crestón de peñas submarinas

en que chocó tu frente soberana,

un faro se alzará de luz arcana,

¡El mostrará las rutas argentinas

a la esperanza humana!"

Almafuerte

A las 7: 52 del 9 de septiembre de 1981 murió Ricardo Balbín, a causa de una hemorragia digestiva no controlable, según el diagnóstico del cuerpo médico que atendió al líder radical.

"El partido se ha conmovido por la muerte de Ricardo Balbín. El 9 de Septiembre de 1981 se apagó la vida de nuestro presidente, y esta desaparición llamó a la profunda reflexión a los radicales como a todo el Pueblo Argentino. La vida de Balbín fue una permanente actividad de servicio hacia el logro de la democracia para la Argentina. Este ejemplo de dedicación y de militancia cívica es su indiscutible legado para el partido que presidió, pero fundamentalmente para la reivindicación del hombre político argentino, unido insoslayablemente al futuro de la Nación.

Aporto su esfuerzo a la convivencia argentina, a la recuperación democrática, y su último servicio no fue quizá la multipartidaria, sino la unidad del pueblo en pos de las banderas que el ilustre muerto sostuvo toda su vida. El sepelio de Balbín nos mostró un pueblo en marcha tras el reclamo por esa unidad. Ese pueblo que en muchos millares acompañó su féretro, cantó el himno convertido en un angustioso reclamo, masificó estribillos demandando democracia, arrojó flores y sufrió comprometiéndose en el recogimiento del poster saludo del homenaje cívico, a hacer crecer la exigencia democrática que convertirá a la Nación nuevamente en dueña de su propio destino."

Carlos Contín, ex gobernador de Entre Ríos y ex diputado nacional, fue quien reemplazo a Balbín en la presidencia del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, con motivo de su muerte.


"Fue necesario este dolor para que la vorágine de nuestra Argentina descalabrada se detenga, aunque sea por un instante. En el interior de cada hombre, militante político o no, esos que forman la Argentina que aún está en pie, se hizo el silencio. Sustraídos por un momento de esta realidad confusa y agobiante, solos, frente a sí mismos, compartieron soledad y silencio con la figura de Ricardo Balbín. Y en ese silencio que no habían podido encontrar en años debió pesar dramáticamente la idea, la conciencia, la figura de saber la República degradada. La indignación de reconocer lo que ya no somos y recordar lo que fuimos, de ver un país que no es como lo queremos.

Balbín, como desde siempre Alem e Yrigoyen, nos obliga y nos hace responsable por su lucha y por su pueblo. Pero aquí no sólo se gesta un compromiso ante él, sino ante ese pueblo que hoy detuvo su andar, que nos mira, que quiere estar seguro de que el reclamo de la dignidad no se ha agotado... Cuando se lucha por cuestiones fundamentales, también las opciones son fundamentales. Sin soberbia, ni omnipotencia, pero con la conciencia de la reponsabilidad que enfrentamos, debemos los radicales tener presente las palabras de San Martín: "serás lo que debas ser, o no serás nada". Esta opción terminante, no sólo señala la necesidad de una lucha irrenunciable, sino además la exigencia de un radicalismo como lo quería Larralde, unido de la acción, en la conducta, en la doctrina. Y así, si nos dicen que Balbín murió, diremos que en su vida y en su partido está viva la República."

RAÚL RICARDO ALFONSÍN

(Palabras de Alfonsín con motivo de la muerte de Balbín, extraídos de 'La Causa', Vocero de la militancia radical) Gentileza José Mellano


"Balbín procuró siempre la victoria de las instituciones. Eso fue lo que hizo cuando asumió el gobiemo Arturo Illia, en 1963. Pero no todos los argentinos oyeron su prédica. Otra vez se impuso el desastre en junio de 1966. Otra vez reemprendió la búsqueda de coincidencias, la recuperación de las libertades y los derechos suprimidos sin fatiga ni desánimo, con pasión y energía, y así llegó a la Hora del Pueblo y después al diálogo con el General Perón. Pero en 1976, caía otro gobierno. Había hablado una semana antes del golpe invitando a sus compatriotas a fusionarse para salvar el sistema constitucional. Lo hizo con su modestia habitual, con tanta modestia que enunció las soluciones a las crisis como un ciudadano más, no como un salvador o un iluminado. No se lo perdonaron las minorías, esas minorías que usufructuaron el Estado y el trabajo del pueblo y que perturbaron y perturban la unión nacional. Para ellas, no tenía soluciones. Ellos sí las tenían y así nos fue a los argentinos en la larga noche despótica inaugurada en 1976. Pero en esa larga noche despótica tomó don Ricardo de nuevo el combate por el restablecimiento de la soberanía popular y la ley; a la batalla contra la ignominia económica y la opresión social; a la defensa de la vida contra los secuaces de la muerte y, por tercera vez en menos de 20 años, logró darnos a los argentinos, con la multipartidaria, una herramienta para la unidad, un centro de convergencia para la reconquista en común del orden democrático.
Fue su último servicio a la Patria y al radicalismo, un servicio que le agradecieron decenas y decenas de miles de argentinos sin distinción de colores políticos, acompañándolo dolidos, pero íntegros, hasta la tumba el 11 de septiembre de 1981, cuando aún nos faltaba conocer el amargo sabor de la Guerra de las Malvinas. Aquel último servicio rindió sus frutos hace un año, el 30 de octubre de 1983. A Balbín le hubiera gustado estar presente en aquella victoria del pueblo, pero todos sabemos que estuvo presente; porque esa victoria fue inocultablemente suya, y no sólo porque obtuvo la mayoría nuestro partido. Balbín triunfó el 30 de octubre de 1983 porque triunfaron sus conciudadanos, sus ideales; porque triunfaron sus deseos, porque triunfaron los grandes valores de la libertad y la justicia social, porque triunfó la democracia, porque triunfó la unión nacional.
Empecé con una cita suya y debo terminar con otra que hiciera en momentos de una aguda crisis, cuando dijo que si no vencemos esta instancia es porque seremos ineptos todos. Hay una voluntad nacional, una fuerza nacional, un pueblo y cada vez que uno se aproxima a los amigos, porque son los amigos de siempre, también se acerca uno a los adversarios, que fueron los adversarios de siempre, y no les dice qué piensa de lo económico, ni qué piensan de la apertura de los mercados en el mundo, sino que le preguntan si podemos vivir en paz los argentinos. Podemos, gracias a Balbín, que nos regaló su vida como ejemplo. "

Raul Ricardo Alfonsín (siendo ya Presidente de la Nación Argentina)



Balbin

"EL PUEBLO TRABAJADOR DESPIDE A UN AMIGO"

La intersectorial y la C.G.T. (Confederación General del Trabajo) exaltaron la figura de Ricardo Balbín, y sostienen que el mejor homenaje al líder extinto es bregar por la democracia. Lo llamaron 'prohombre de nuestra historia'. 'Líder indiscutido cuya palabra señera marcó rumbos indelebles en los anales de nuestra política'. La C.G.T. a través de Saúl Ubaldini, dijo 'hoy la República llora al último de los grandes caudillos populares, cuyo ideal fue el estado de derecho, EL PUEBLO TRABAJADOR DESPIDE A UN AMIGO'. (Diario 'La Nación', 10 - 9 - 1981)

LA DEMOCRACIA DESPIDE A SU MÁS FERVIENTE SOLDADO

"R. Balbín mantuvo íntegra su dignidad frente a la pobreza, la persecución, la cárcel y el infortunio. Hizo honor al concepto de que el único medio que tiene el hombre de prestar dignidad en todos los aspectos de su vida es el abandonar el odio y esforzarse por obrar con belleza y amor. Muere pobre, tal como vivió, para dejar en cambio, el inmnenso caudal de amor de su pueblo que llora su muerte, como lo lloramos la legión extensa de amigos con lágrimas de dolor." Anselmo Marini.

"Este ilustre demócrata hubiera expirado en paz si su amada República en lugar de un gobierno 'de facto', rigiera hoy plenamente la voluntad soberana del pueblo, ejercida por gobernantes legítimos.." Eduardo César Angeloz (Presidente del Comité Córdoba de la UCR)

"Balbín se encontraba en el vértice de la modración y el equilibrio, generando la sensatez, buscaba la libertad sin concesiones, sin tutores. Fue le caudillo, el estadista del orden, de la ley de las instituciones. ... Ahora vamos a revalorizar la idea de la democracia..." Antonio Tróccoli.

"Se va quien encarna la conciencia moral de la República, el viejo luchador, del duro tiempo, constructor de la unidad nacional. Porque creía profundamente en la República, defendió tozudamente la legalidad y la justicia." Fernando De la Rúa.

"Su mensaje no se apagará nunca" Carlos Perette. (ex vicepresidente de la Nación en la gestión Illia)

"Con Balbín desaparece una de las figuras más puras del civismo argentino, que a lo largo de medio siglo de lucha, puso en las causas los más nobles y sinceros ideales que antes que él habían pregonado los padres de la patria." Francisco Rabanal .

"Con el muerto estuvimos identificados en algo: la pasión por el destino nacional ... la política nos hace transitar por caminos dolorosos ..." Arturo Frondizi. (compañero de bancada en los primeros gobiernos de Perón, compañero de fórmula, abogado defensor de Balbín cuando éste fue injustamente procesado por el régimen peronista.)

"Muere con Balbín, uno de los líderes más importantes del país" Italo Luder.

"Todo el país sentirá la pérdida irreparable de esta figura consular de la vida institucional de la Nación. Íntegro en sus convicciones, honesto en el disenso, sereno ante la adversidad, su conducta persistirá en todos los argentinos que aspiren a la convivencia en paz." María Estela Martínez de Perón.

De los diarios de la fecha 'La Nación' y 'La Voz del Interior'


"Su ejemplo, el de una estirpe de políticos en vía de extinción -tal vez haya muerto su último exponente-, hechos en las fatigosas jornadas del trabajo partidario, en el comité lugareño, en viajes extenuantes e incómodos, en angustiosos discursos ante auditorios ínfimos, hechos en la costumbre de lo incierto y acostumbrados al sabor del peligro. Después vendrían las multitudes, las plazas rebosantes, el fervor y la fama. Famoso en la tribuna, en la nota periodística, en el recinto parlamentario y en la prisión.
Parece cierto que con el doctor Ricardo Balbín se ha muerto algo más que su figura inconfundible, dicho rápidamente, parece que ha muerto una época, y pensándolo un poco es casi seguro que ha muerto un estilo.
Un estilo de 'hacer política', un estilo de 'ser político'. Un estilo para una época, en todo caso. Porque sin tener la noción exacta del comienzo y del fin de los períodos de la historia que transcurre cuando esa historia se escribe, o transcurrió poco tiempo antes. Leandro Alem, Alfredo Palacios, Amadeo Sabattini, Lisandro de la Torre, Hipólito Yrigoyen, Nicolás Repetto, Ricardo Balbín, fueron los políticos para una historia que parece haber dado vuelta la hoja.
Lo curioso es que uno de ellos, Ricardo Balbín todavía tenía algo que decir. Aunque la curiosidad no sería tanta si se pensara que, a la manera que se acude a los ancianos en muchas alturas como depositarios de la sabiduría y de la experiencia colectivas, no era precisamente a Ricardo Balbín, como representante de un estilo a quien se escuchaba sino a un político sin riqueza personal y con una fidelidad conmovedora por sus ideas, poseedor sin dudas de algunas claves para descifrar la Argentina enigmática que transitó, inobjetable, a al largo de los últimos sesenta años. "

Pablo J. Marrow


"Hizo de la ética el basamento de su autoridad cívica y del diálogo constructivo el instrumento preferido para superar el desencuentro y las divergencias estériles. Ello le permitió erigirse por encima de los intereses del sector y ponerse siempre al servicio del interés superior de la Nación, gesto en el que no pocas veces se lo vio sacrificar expectativas personales y hasta partidarias. Fue notoria su preocupación por ayudar a construir una sociedad asentada en los valores morales y sustentada en la convivencia civilizada.
Su trayectoria lo mostró impulsado siempre hacia el objetivo vital de ayudar a establecer una democracia limpia y vigorosa, como sistema permanente de gobierno. Fue la búsqueda incansable de Ricardo Balbín, que impregnó de sentimientos no sólo ala UCR sino al país, pues la fuerza de sus convicciones desbordó hacia el ámbito mismo del sentir nacional. La multipartidaria nació de ese espíritu y así lo suscribieron los justicialistas Deolindo Bittel y Herminio Iglesias, los desarrollistas Arturo Frondizi y Américo García, los demócratas cristianos Carlos Auyero y Enrique de Vedia y los intransigentes Oscar Alende y Marcelo Arabolaza, entre muchos otros.
Decíamos que Balbín antepuso el interés nacional al partidario. Mas, es cierto que ambos intereses eran coincidentes y, por ello, puede afirmarse que Balbín supo mantener la línea fundacional de la Unión Cívica Radical.
"

Eduardo Giorlandini

Discurso del Doctor Luis Agustín León, en un adiós "Rumbo a la paz y a la gloria".
"¡Pueblo argentino! : La Nación acaba de estremecer sus esperanzas porque ha caído un prototipo de sus sueños de paz, de sus reclamos solidarios, de sus ilusiones de emancipación.
Ricardo Balbín ha muerto. Nuestra tierra ya no recogerá su paso, pero el tiempo de su existencia queda incorporado a la búsqueda de una historia mejor; a todos los tiempos de nuestras luchas por la libertad.
Edificó en la roca viva de su militancia una concepción republicana. Luchó sin miedos porque nunca apoyó tiranías. En la cárcel fue un hombre libre. En las derrotas, un triunfador.
Combatió el poder de la fuerza torpe porque sólo creía en la autoridad que otorga el Derecho.
Como una bendición moral de reconquista posible desarrolló su esfuerzo en el medio siglo más perverso y pervertido de nuestra historia. Aceptó su destino como una oportunidad y demostró una vez más que los auténticos héroes siempre son humildes.
Su piel gastada por todos los vientos y todos los soles rechazó el totalitarismo como a una alergia que siempre inferioriza a la raza humana. Para él, los derechos humanos no eran asuntos de candilejas o barrotes invisibles, fueron, simplemente, un problema de dignidad del hombre. Sus ojos empalidecían frente a la tortura o la miseria. Sus manos se crispaban ante la violencia de unos hombres contra otros hombres.
Sabía que las dictaduras siempre deben arrancar las hierbas vitales de la conciencia democrática para poder implantar el despotismo. Por eso quisieron denigrarlo, disminuirlo, disfrazarlo. Tan lúcidamente triunfó sobre los fariseos, que algunos de aquellos duendes se acercan hoya su tumba.
En el Comité Nacional de la UCR ahora, en su sillón vacío nos deja el alma, en las calles queda flotando su palabra y en la historia se inserta su mensaje. Y: ¿cuál es su mensaje? Ser leales a nuestros propios ideales. Combatir contra todos los fantasmas delodio. Poner siempre delante del partido a la Nación y vivir custodiando la democracia, pero la democracia con pan, con vivienda, con seguridad, con energía. La democracia es nuestra superior estrategia. La democracia no puede ser el lujo del desarrollo, debe ser el desarrollo. La democracia no ha fracasado en Argentina, fracasaron los hombres. Fracasaron los que impidieron la democracia. El simplismo de los filósofos del "orden" se agota frente a los desafíos que impone la revolución de nuestro tiempo.
Balbín se fue imaginando la democracia como una exigencia cultural de la República. Vivió para afirmar que sólo es soberano el pueblo y única fuente de legitimidad. Hoy ese hombre argentino aquí por millares viene a su tumba a certificar la legalidad de su combate.
Por eso, mientras en nuestros corazones se incuba la tristeza del momento, debemos no caer en la tristeza del tedio. Seguiremos el ruido en el taller de forja republicana. No dejaremos que nadie pulverice nuestra democracia con la melancolía de silencios de angustia. Toca a los radicales y argentinos unirnos en el ataque a las causas que generan nuestra decadencia.
Como Balbín, vamos a elaborar ejemplos y no la dialéctica del sermón. Debemos educar y nutrir. Creemos en una nueva sociedad. Seguiremos pensando que es obligación enseñar a los pueblos a amar la Constitución y las leyes.
Balbín pasó por la sociedad de consumo sin dejarse tentar. Tampoco nosotros debemos entrar al baile de disfraz colonialista ni debemos dejarnos confundir con las serpentinas sensuales de ningún mecanismo oportunista." (Fragmento, extraído del libro de Eduardo Giorlandini: 'Balbín: el radicalismo y la república', editado por la Cámara de Diputados de la Nación, en 2001, con prólogo de Rafael Pascual.)

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Datos extraídos de la Biblioteca de Don José Mellano.

© Matías Bailone, 2003

matiasbailone@hotmail.com

Villa Mercedes (San Luis) República Argentina