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EL NACIMIENTO DE RICARDO BALBIN Y SU TIEMPO

Por Eduardo Giorlandini

NACIMIENTO y ENTORNO

Ricardo Balbín nació el 29 de julio de 1904, en la Capital Federal. Era un día viemes y fue un invierno para siempre. Sin embargo, igual que los trigos de invierno, fructificó en el tiempo. Pertenecía al quinto signo del Zodíaco y, a lo mejor por simple y pura coincidencia, su vida fue marcada por el énfasis en lo espiritual y volitivo, por el acto consciente, la actividad, la autoafirmación y la expresión; tuvo firmeza y constancia en los propósitos y en los ideales; fuerza creadora, dignidad, cordialidad, sentimientos cálidos aunque de modo reservado; pasión y fervor, inteligencia creadora; distinción, nobleza, caballerosidad; espíritu de protección y generosidad. En ese signo era empecinado y mantenía axiomas rígidos, que signaron su personalidad. Al final de su vida, como afianzando más su origen y su lealtad con el radicalismo, don Ricardo expresó: "Creo que nací radical".

Y afirmó: "Todo lo que hice fue con convencimiento. Con frecuencia he pensado que cumplir con el deber es fácil. Lo importante es saber dónde está el deber."

Probablemente el legado ético fue dejado por sus padres. Cipriano Balbín y Encarnación Morales. que eran personas simples, enteras, de una sola pieza, engarzados en la sociedad argentina con comunes denominadores, afianzados principios, vigorosos sentimientos y fuerte sentido del deber.

No pocas veces se atribuye al "destino" o a la Providencia la presencia de los hombres que abren caminos a los pueblos, que dejan su sello en la historia de los países, cuando no de un continente. Sin embargo, las circunstancias son las que generan, en ocasiones, la formación de cierto líder, ideólogo. revolucionario, pensador o soldado. En todos ellos existen comunes denominadores, cualquiera sea el factor que predomine en su personalidad. Puede coligarse la figura del político y el artista, del romántico de la política o de la guerra. Pero la coyuntura, o la instancia crucial, componen un modo de ser y de actuar. Para emancipar un país o un continente, la circunstancia crea gigantes militares, que trascienden este marco y se convierten en libertadores. Tal fue el caso de Simón Bolívar o José de San Martín. Ser protector o ser presidente es lo de menos. Monárquico o republicano, ese hombre trascendería las fronteras chicas de los cargos. Balbín fue originado, en su modo de ser y de actuar. por el fraude, la violencia y el despotismo. Entonces el país tuvo al gran republicano, al gran demócrata, al gran forjador de la democracia y de la convivencia en la Argentina. Fue, junto a Leandro Alem, el gran no presidente de todos los tiempos.

Al nacimiento de Ricardo Balbín, la Unión Cívica Radical estaba en vías de reorganización. Simultáneamente, Yrigoyen conspiraba, organizaba la revolución cívico-militar que saldría a la luz el 4 de febrero de 1905. Los hombres del régimen "falaz y descreído" continuaban en lo mismo, aferrados a las malas prácticas políticas, torcidas, culebreadas y mañosas. Pellegrini tuvo el coraje, a poco andar, de confesar públicamente los fraudes y lo hizo con cierta honradez y en algunas de las mismas conciencias no radicales parecía abrirse paso la idea de una reforma electoral que era favorecida por la actitud abstencionista y revolucionaria de la Unión Cívica Radical. Otro cielo histórico empezaba a verse. Se agrandaba la imagen del "peludo" Yrigoyen. Así lo llamaban porque no salía de la "cueva", su casa. No se exhibía al público y atendía a la gente en forma individual, "mano a mano". Pero, según las mismas palabras de don Hipólito, "el peludo es un bicho que cava hondo en la tierra."

En 1904 terminó la segunda presidencia de Roca, iniciada el 12 de octubre 1898. En aquel año, en que nacía Balbín en la Capital Federal, se agitaban tiempos del régimen, en que comenzaba a vislumbrarse la posibilidad electoral ansiada por el radicalismo, que había de concretarse en 1912. Roca había sido elegido presidente por segunda vez, con el mismo precedente fraudulento del curso político anterior. Gobiernos formalmente constitucionales pero producto del fraude y la violencia. El presidente seguía manejando su partido, aunque no tanto como en el primer período presidencial por los problemas internacionales, particularmente la cuestión limítrofe con Chile, cuasi causante de una guerra. Su gobierno fue favorable a la clase "alta"; disminuyó los salarios y la desocupación era creciente, a tal punto que en 1902 se realizó una huelga general en la ciudad de Buenos Aires, además de la gran cantidad de huelgas y acciones directas exteriori- zadas desde el fin de siglo en adelante. Fue entonces que se sancionó la Ley de Residencia, que permitía la deportación de los dirigentes o activistas extranjeros que "perturbaran el orden público".

Todas estas expresiones concretas del régimen fueron motivo de condena por la Unión Cívica Radical y habrían de serio también, con el tiempo, por Ricardo Balbín, pues más allá de 1930 el país experimentó comportamientos políticos y medidas oficiales similares, hijas de la misma filosofía política, basada en privilegios e intereses económicos, signadas por las afecciones del poder autoritario y abusivo y estableciendo un orden injusto y lesivo para la dignidad del pueblo.

En marzo de 1904, a causa de una reforma electoral, se incorporó al Parlamento Alfredo L. Palacios, quien se convirtió en el primer diputado socialista.

Un nuevo fraude gestado por el mismo presidente de la Nación y por Marcelino Ugarte en la provincia de Buenos Aires, llevó a la titularidad del Poder Ejecutivo Nacional a Manuel Quintana y ante la certeza de la consumación de un nuevo fraude la Unión Cívica Radical se abstuvo y tomó la senda revolucionaria, nunca abandonada por cierto. El radicalismo recibía aportes humanos de los sectores pobres del campo, de gente con sentimientos federales, de los inmigrantes e hijos de inmigrantes, además del criollaje, y así se iba enriqueciendo la "religión civil de la Nación", un movimiento representativo del pueblo todo, una concepción ética y política al servicio de la sociedad argentina, con objetivos de justicia social y libertad. La Unión Cívica Radical se transformaba en un partido nacional y popular.

Bajo estas señas transcurría la vida de los padres de Ricardo, de pocos meses de edad hacia finales de 1904. Se atisbaban años de libertad y bienestar, durante los cuales acontecería su infancia, su adolescencia y su juventud. Después del 30 llegarían los ciclos de lucha y persecución. Porque en la Argentina no podía estar ausente la ley de ciclos de despotismo y democracia, de la que informa la ciencia política.

INTERMEDIO SOBRE LOS PROCESOS CÍCLICOS

Podemos ejemplificar los procesos cíclicos con la glosa del diario de N. S. Rubashov, del libro de Arthur Koestler, "El Cero y el Infinito":

"Hace ciento cincuenta años, el día de la toma de la Bastilla, el columpio europeo empezó otra vez a balancearse después de una larga inacción. Habíase separado de la tiranía con gusto, y había continuado, con ímpetu al parecer indomable, subiendo hacia la libertad, elevándose durante cien años, cada vez más alto en las esferas del liberalismo y de la democracia. Pero, sin saber por qué, el paso se fue haciendo más lento, la oscilación alcanzó el punto más alto de su recorrido, donde a la vez se inicia el retroceso, se detuvo un segundo, y empezó la carrera en sentido contrario, con velocidad creciente. Con el mismo ímpetu con que había subido, el columpio llevó otra vez a sus pasajeros de la libertad a la tiranía, y aquel que mirando a la altura olvidó agarrarse, se mareo y se cayó.

Todo aquel que desee evitar el vértigo ha de procurar de encontrar la ley del movimiento del péndulo, puesto que la historia parece presentar un movimiento pendular que va del absolutismo a la democracia, y de la democracia a la dictadura absoluta.

La cantidad de libertad individual que un pueblo puede conquistar y conservar depende del grado de su madurez política. El movimiento pendular antes citado parece indicar que la madurez política de las masas no sigue en su desarrollo una curva ascendente continua, como lo hace el crecimiento de un individuo, sino que está determinada por leyes más complicadas."

En verdad, la madurez política del pueblo depende de la capacidad para reconocer sus intereses; también sus necesidades, sus derechos y sus pretensiones, en los aspectos económicos, políticos, sociales y culturales. También es cierto que la madurez política se expresa en proporción al estado de la civilización de ese momento y que los inventos, los descubrimientos, las innovaciones y los cambios "descolocan" a las masas en cuanto a esa inteligencia y esta distancia favorece la entronización del despotismo. Probablemente este aserto ayude a entender el tiempo de Ricardo Balbín. Empero, la Unión Cívica Radical creía firmemente en la democracia y en la madurez del pueblo, pues como habría de decirlo Balbín cincuenta años después: "La democracia es un estilo de vida".

El mismo Koestler citó: "No nos muestres la meta sin el camino, porque los medios y los fines están tan mezclados en la tierra, que al cambiar unos cambian otros; cada sendero nos ofrece una nueva perspectiva".

Para los radicales auténticos de 1904, los de antes y los de después, políticamente había una sola meta, que era la democracia, y un solo camino que era la ética; fuera de esto, no importaban ni los rótulos ni los nombres, no existía el radicalismo en el que actuó y militó Ricardo Balbín. Este aspecto es muy importante por lo que puntualiza Carlos S. Fayt, en "El Político Amado":

"Bien mirado, el problema de la organización política de la sociedad, sigue oscilando entre el aniquilamiento o la apoteosis del individuo, entre el gobierno libre o las autocracias, formas contrarias y enemigas en la concepción de la vida, que se disputan constantemente el predominio de la conducción política, social y económica de los pueblos. El esquema básico de las instituciones libres no es otro que la protección de la dignidad de la persona humana mediante un sistema de prohibiciones y limitaciones a los gobernantes, a quienes coloca bajo el contralor del pueblo, quien los elige y los renueva, impidiendo que caigan en el exceso de una acción arbitraria, por la responsabilidad que les atribuye y la publicidad de los actos que les exigen.

 

DE LA ABSTENCIÓN A LA REFORMA ELECTORAL

La abstención revolucionaria del radicalismo se apoyó en el fraude y la violencia ejercidos por el "Régimen". Hipólito Yrigoyen le había expresado a Pellegrini, años atrás: "Ustedes son la razón de ser de nosotros. Concedan elecciones libres y verá cómo ninguna revolución les quema la cara".

Pellegrini, más adelante, reconoció el fraude públicamente, y lo criticó dentro de su propio partido político, pero la abstención ya estaba en marcha y toda abstención política es revolucionaria; además la del radicalismo también era acompañada por las armas.

La revolución cívico militar de 1905 no era un asunto exclusivo la problemática electoral. Se deducen los fundamentos de los requerimientos, en mérito al sesgo económico, social y educativo que trasluce el mencionado Manifiesto de reorganización del radicalismo. El gobierno de Quintana era la misma cosa que el de sus antecesores, era la encarnación de la oligarquía imperante y él fue, además, un porteño exacerbado, por no decir un antiprovinciano. Este era un mal constante en la Argentina, que subsiste hasta nuestros días, en política y en todas las esferas de nuestra sociedad. El porteño no era consciente de esta situación y se comportaba como si le correspondieran ciertos privilegios personales y territoriales por el solo hecho de ser porteño. Sociológicamente este aspecto definía a cierto tipo de dirigentes políticos, sociales, culturales y de la economía, que, una vez más defendían la consigna: Todo el poder a Buenos Aires! Quintana tenía desprecio por las manifestaciones populares y un especial cariño por los ingleses.

Cuatro meses después de asumir el mando detonó la revolución, cuando don Hipólito ejercía la presidencia del comando rebelde, pero la revolución fracasó. Yrigoyen se ocultó tres meses para atender la situación de los dirigentes comprometidos y luego se presentó a la justicia federal asumiendo toda la responsabilidad, no sin antes declarar públicamente que la revolución estaba en la ley moral de las sociedades. Eran años de agitación política y social y de disconformismos en los sectores obreros, quienes se refugiaron en la Unión Cívica Radical, en el socialismo y en las filas anarquistas y en sus organizaciones obreras. También eran tiempos de represión: además de la ley 4.144, llamada de "residencia", se gobernaba con estado de sitio.

¿La revolución había fracasado? La Unión Cívica Radical crecía con el apoyo del pueblo: trabajadores, estudiantes, gentes del campo y la ciudad, mujeres que comenzaban a interesarse por los sucesos ya desplegar un sentimiento argentinista y radical, lo cual no era de extrañar porque al iniciarse el siglo la mujer comenzaba a realizar tareas en las fábricas y algunas de ellas se destacaron como dirigentes gremiales o cabeza de movimientos espontáneos. Un ejemplo fue la "huelga de inquilinos", donde fueron protagonistas en las acciones en que debieron defenderse de la milicada con palos y escobas, dada la constante represión gubernamental. Algunas coplas irradian la presencia de la mujer en aquella época y, algunas de ellas, aunque procazmente, pretenden sugerir su fortaleza o su carácter cuasi viril:

"Todas las mujeres tienen, debajo del delantal,

un sargento bigotudo del Partido Radical."

El prestigio del radicalismo de Yrigoyen alargó su horizonte y acercó la meta hacia la democracia. La Unión Cívica radical era la gran "Causa" de la Nación. La amnistía de los revolucionarios se convertiría en un fin y en un principio radical. El 12 de marzo de 1906 falleció el presidente Quintana y José Figueroa Alcorta continuó hasta 1910 hasta la finalización del "mandato". Indultó a los revolucionarios de febrero. Intentó negociar con Yrigoyen, pero el caudillo radical exigió la más completa libertad electoral y ratificó una vez más su intransigencia y la de su partido, intransigencia que sólo podría ceder ante gente de bien obrar, con buenas intenciones y con ideales populares de justicia y libertad, pero no lo haría por un acuerdo de partidos o de dirigentes para desvirtuar la voluntad del pueblo elector.

Durante el período de Figueroa Alcorta, como con casi todos los gobiernos de esa época, se realizaron ciertas obras y aparecieron algunos progresos materiales de importancia y la inmigración hizo aportaciones muy significativas. Este fenómeno resulta interesante para comprender mejor los conflictos obreros, las tensiones sociales y los hechos colectivos, pacíficos o violentos, de esos años. Así, nos acercamos a 1910, año de los festejos en conmemoración del Centenario de la Revolución de Mayo. ¿Que sucedía mientras tanto en el seno de la Unión Cívica Radical?

Pedro C. Molina, presidente del Comité Nacional había renunciado fundándose en que la "República", órgano radical, atacaba el librecambio. Me interesa puntualizarlo para luego mostrar cómo se fue alimentando la estructura doctrinal del Partido Radical. Con la misma intención, destaco que Yrigoyen esclareció el concepto de que la Unión Cívica Radical no era propiamente un partido, sino una conjunción de fuerzas emergentes de la opinión nacional, nacidas y solidarizadas al calor de las reivindicaciones públicas, sabiendo sus afiliados de antemano "que no van a recibir beneficios ni conquistar posiciones, sino a prestar servicios en la plena irradiación de su personalidad".

Dentro y fuera del partido se agigantaba la figura de Yrigoyen y en la promoción de discípulos de ese tiempo estaba el doctor Pedro Solanet, de Ayacucho, quien indirectamente, a través de su hijo que era compañero de estudios de Ricardo Balbín, años después habría de protagonizar un hecho, entonces de infrahistoria pero decisivo para el itinerario político de Ricardo.

Esa "Abstención Larga", como fue denominada, acentuó las protestas internas y el 1ro. de septiembre de 1909 se imputó "personalismo" a Yrigoyen, y data desde aquel momento el uso de ese vocablo en la Unión Cívica Radical.

El doctor Molina renunció como afiliado a causa de su protesta por la falta de un programa. Aunque en realidad el programa estaba establecido por la misma historia, la conducta y los documentos y doctrina radicales. Yrigoyen contestó: "es que llaman 'programa' no a las grandes bases para el renacimiento nacional, sino a las listas de variadas menudas promesas, a veces simples ocurrencias intelectualistas". Yrigoyen afirmaba el fundamento moral y espiritual de la Unión Cívica Radical cuando decía que era "la escuela y el punto de mira de sucesivas generaciones y hasta el ensueño de los niños y el santuario cívico de los hogares".

Era la causa reivindicadora de la Nación, la del libre desarrollo de las mejores esencias espirituales de su pueblo, contra las fuerzas ilegítimas que lo trababan o desvirtuaban.

El 26 de diciembre de 1909 se realizó la Segunda Convención Nacional de la Unión Cívica Radical , de la cual surgió una comisión que le pidió a Figueroa Alcorta, infructuosamente, que se adoptara el registro militar como padrón electoral. Ante la negativa la Convención declaró la abstención electoral, por la imposibilidad de ejercicio garantido y honorable del sufragio. Pero a comienzos de 1910 fue proclamado electo Presidente de la República el doctor Roque Sáenz Peña, por el partido oficial Unión Nacional, denominación que había adoptado Figueroa Alcorta.

Sáenz Peña había admitido que la reacción más apremiante era la que tenía por objeto el voto público. Proponía la obligatoriedad del voto, tal como lo era con nexo al aula y a la conscripción. Hablaba de crear el sufragante, de los altos anhelos por colocar a nuestro país en la realidad republicana. Sin duda, Yrigoyen tenía que ver con esto, la fuerza de la verdad, la injusticia, el derecho y los valores humanos y jurídicos y su clima -la libertad- eran invocados por la Unión Cívica Radical desde hacía tiempo y lo imponían, abstención revolucionaria mediante. En 1910 había rumores de una revolución radical y para colmo don Hipólito había desaparecido.

El 5 de octubre de 1910 Yrigoyen informó al Comité Nacional, luego de haber conferenciado con Sáenz Peña que se aceptaba la propuesta del presidente para concurrir a la elaboración de bases de la nueva ley de sufragio. Sáenz Peña anunció la reforma al asumir, el 12 de octubre de 1910. En febrero de 1912, el presidente de la Nación se dirigió al pueblo de la República y expresó: "Quiera el pueblo votar'.

Yrigoyen había acordado con Sáenz Peña el uso del padrón militar, la intervención de los jueces en el proceso electoral, la representación de las minorías con el sistema de la lista incompleta, la universalidad del voto y la garantía de la universalidad mediante el padrón militar y el carácter secreto del sufragio.

Ello significó un reconocimiento hacia la Unión Cívica Radical, su protagonismo en la esfera del poder, la posibilidad de acceder a la presidencia por el camino eleccionario. Sin embargo, el oficialismo no creyó en esta posibilidad .

Eduardo Giorlandini.

 

Una Producción de Matías Bailone

2004. Villa Mercedes, San Luis, Argentina

matiasbailone@hotmail.com